jueves, 17 de diciembre de 2009

FORRA

Odio extrañarte tanto. Odio pensar que podes odiarme. Odio extrañar como me escuchabas y aconsejabas. Odio extrañar aquella frase que decían tus amigos cuando te escribía. Odio pensar que en este momento si soy tuya, y vos no sos mio. Odio ver que estás con tus heridas de nuevo y que no podemos putear juntos. Odio ya conocerte tanto. Odio tener los sentimientos equivocados por las personas equivocadas, y tener los sentimientos correctos en los momentos equivocados. Odio pensar que si las cosas dan un paso atrás, probablemente tenga los sentimientos equivocados por algún otro de nuevo. Odio pensar que quizás te hice sufrir. Odio pensar en que todo es pura histeria. Pero mas que nada odio pensar que podría ser feliz y no lo aprovecho.

ultimo momento: odio saber que estuviste de fiesta por acá y que casi voy, y que no pude verte

martes, 15 de diciembre de 2009

collapse

¿Me va a ir bien? ¿Voy a entrar? ¿Me van a dar la beca? ¿Quiero estudiar esto? ¿Quiero estudiar acá? ¿Cuando voy a encontrar una respuesta? ¿Estoy loca? Al fin una pregunta a la cual le tengo una respuesta.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Dreamer


Yo no se si alguien se habrá fijado detenidamente en las nubes de hoy. Deberían haberlo hecho. Me fascinaron todo el camino de vuelta a casa. Que lindo soñar con las nubes.


miércoles, 19 de agosto de 2009

Un farolito de ilusión

Dentro tuyo están las llaves
solas esperan tus manos
tanto buscar por afuera
y ahora te gana el desgano
Es tan difícil decir
todas las cosas que siento
a veces yo quiero oír
sólo lo que dice el viento

jueves, 13 de agosto de 2009

Orientación

Graciela me dijo dos miércoles atrás "Mica, relajate y rebelate un poco... no te sobre adaptes a las cosas y pases por sobre vos misma, respetá no solo lo que los demás quieren sino que también lo que vos queres".

Es mucho más fácil de lo que pensaba.

sábado, 20 de junio de 2009

Dreaming is free

Nueva noche, nuevo lugar. Mmm, ¿qué sería? Quizás un atardecer en una playa alejada, o quizás un amanecer en la cima de una montaña. Está vez elegí la playa, una tarde de primavera en una playa remota, alejada de absolutamente todo, donde uno puede sentirse realmente solo, como si nadie más existiera. Un lugar en el que el tiempo ya no importa, el tiempo no existe.

Recostada allí, sobre la arena que tomaba la forma de mi cuerpo, con la mirada clavada el perfecto cielo azul, podía estar en paz, feliz.
Tan feliz que casi podía escuchar su voz que me llamaba. Más fuerte. Más fuerte. Hasta que perdió su apariencia de ilusión y se tornó real. Cuando levanté la cabeza, pude verlo allí, parado a menos de dos metros. Me puse de pié, le sonreí y me acerqué lentamente (como en las películas románticas). Cuando estabamos lo suficientemente cerca, pude ver que el también sonreía. Ay! Esa sonrisa que me dejaba sin habla, que detenía mi respiración, que aceleraba mi corazón. Y me miraba, me miraba como nunca me había mirado. Y yo le devolvía la mirada, tan intensamente como podía. ¡Qué increible cómo sin palabras uno puede decir tanto! Tan solo fijando los ojos en el otro, sin apartarlos tan solo un segundo, nos animamos a decirnos te amo. Confesamos hasta el más profundo deseo de fundirnos y ser uno. Así, de nuevo como en las películas, lentamente nos acercamos, hasta que nuestras bocas se encontraron.